RUTA DEL VINO

La Ruta del Vino en la Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy, es una de las experiencias más nuevas y originales del norte argentino. En esta zona, famosa por sus paisajes coloridos y su cultura andina, el vino se transformó en una forma de expresión y de desarrollo para las comunidades locales. Lo que comenzó como una pequeña iniciativa de algunos productores terminó convirtiéndose en un atractivo turístico y productivo que hoy posiciona a Jujuy dentro del mapa del vino argentino. Una de las pioneras es la Bodega Fernando Dupont, ubicada en Maimará. Este proyecto comenzó a principios de los 2000, cuando su fundador decidió plantar viñedos en una zona que hasta entonces nadie consideraba apta para el vino. Con el tiempo, la bodega se convirtió en un símbolo del vino jujeño. Sus vinos, elaborados de manera artesanal y con una producción limitada, se caracterizan por tener mucho color, aromas intensos y un sabor con notas minerales. Además, el lugar ofrece visitas guiadas, catas al aire libre y una vista impresionante de los cerros de colores que rodean el pueblo. Otra bodega destacada es Viñas de Uquía, situada cerca del Trópico de Capricornio. Es un proyecto familiar que busca mantener una producción sustentable, respetando los ciclos naturales y evitando el uso excesivo de químicos. Sus vinos suelen tener un carácter elegante y equilibrado. En esta bodega, los visitantes pueden recorrer los viñedos y conocer más sobre las particularidades del cultivo en altura, mientras disfrutan del paisaje quebradeño. En Tilcara se encuentra Bodega Tukma, una de las que combina historia y modernidad. Produce principalmente Malbec y Syrah, dos cepas que se adaptaron muy bien a la altura y al clima seco de la región. Sus vinos son conocidos por tener buena estructura, cuerpo y un toque especiado. Además, la bodega ofrece degustaciones acompañadas de gastronomía local, lo que permite conocer los sabores típicos de la zona combinados con los vinos de la región. En Huacalera, por su parte, se ubica la Bodega El Molle, un emprendimiento más pequeño pero muy valorado por su enfoque artesanal. Aquí todo se hace en poca cantidad, cuidando cada detalle del proceso. El nombre “El Molle” hace referencia a un árbol típico de la zona, y la bodega busca reflejar esa conexión con la naturaleza y la cultura local. En sus vinos predominan las notas frutales y florales, y la experiencia de visita es muy cercana, con los propios productores contando su historia. Otro proyecto interesante es Bodega Amanecer Andino, también en la zona de Huacalera. Se caracteriza por producir vinos jóvenes, frescos y con mucha identidad, buscando que cada botella exprese el alma del paisaje andino. Además, esta bodega promueve el turismo comunitario: muchas veces los visitantes pueden compartir charlas o comidas con los pobladores que trabajan en la producción, lo que genera un vínculo más humano y auténtico.